Plasticidad cerebral (I): el cerebro cambia y se repara.
La autoría del concepto plasticidad cerebral no se ha aclarado pero Cajal fue seguramente el primero en emplearlo de forma asidua. Con el desarrollo de nuevas técnicas se han podido realizar algunos experimentos que confirman estas ideas iniciales de Cajal. Hace pocos años un artículo mostró que el hipocampo, que es una región del cerebro implicada en la memoria espacial, está más desarrollado en los taxistas que en personas normales, ya que ellos deben orientarse continuamente en las grandes ciudades. En otro trabajo con pájaros cantores se observó que las regiones de su cerebro encargadas de dar lugar a las melodías incrementaban su tamaño en primavera. En otro estudio se observó que en músicos de instrumentos de cuerda, la región del cerebro que recibe las sensaciones de tacto de los dedos índice, medio y anular de la mano izquierda (los que más usan estos músicos) estaba más expandida que en personas que no tocan instrumentos de cuerda. Todos estos son ejemplos de cómo la anatomía del cerebro se ve modificada con la experiencia. La plasticidad cerebral es un mecanismo de adaptación del cerebro para que el individuo pueda responder de una forma más eficaz al entorno en el que se encuentra.
Asimismo la plasticidad cerebral responde a las propias condiciones del cerebro y es un mecanismo de reparación. Este es el motivo de que en las personas que padecen enfermedad de Parkinson, que produce muerte de neuronas dopaminérgicas en un área concreta del cerebro, no se comiencen a apreciar los síntomas hasta que no hay una pérdida de en torno al 70% de dichas neuronas (ya que las que quedan sin morir expanden muchos sus conexiones para intentar compensar la pérdida de las otras neuronas). En otros trabajos se ha observado que en personas que quedan ciegas cuando son adultas las áreas de la corteza cerebral que antes respondían a los estímulos visuales, comienzan a verse invadidas por regiones de corteza que responden a otras modalidades sensoriales, como el tacto o la audición. Hay un trabajo interesante en ciegos que son lectores de Braille (la representación cortical de sus dedos se expande a medida que aprenden a leer este tipo de textos)
La plasticidad cerebral es una ventaja evolutiva si estás compitiendo con otros individuos porque te permite no sólo aprovecharte de lo que ya viene de fábrica (los genes), sino además incorporar a tu repertorio de conductas otras nuevas que no vienen necesariamente determinadas genéticamente. Fiel reflejo de esto son el juego en las crías (que permite mejorar la conducta motora) o la caza de presas heridas en el caso de las crías de felinos. Y la cultura, tanto en chimpancés o bonobos, como en humanos, no deja de ser una herramienta evolutiva. Porque se da una paradoja y es que para librarnos de la tiranía de los genes gracias a la plasticidad cerebral necesitamos genes que permitan esa plasticidad cerebral.
Baldwin propuso que el hecho de poseer una mayor plasticidad cerebral permitiría al individuo adaptarse mejor al ambiente y propagar mejor los genes que favorecen a dicha plasticidad. Algunos psicólogos como Steven Pinker proponen que el efecto Baldwin explicaría el gran avance cognitivo alcanzado en humanos. Sin embargo, no olvidemos que organismos como las bacterias apenas presentan plasticidad (muchos menos cerebral) y sin embargo llevan aquí más de 2000 millones de años y seguramente durarán bastante más que nosotros, por lo que su estrategia evolutiva no tiene por qué ser necesariamente menos efectiva que la nuestra. Pero eso sí, yo prefiero seguir siendo persona y no bacteria. Llámame loco si quieres








